
"Antes de la guerra", dijo Windisch, "el peletero ganó un macho cabrío jugando a los bolos en una verbena. Y despellejó vivo al animal en medio del pueblo. La gente echó a correr. Las mujeres se sintieron mal".
"En el lugar donde se desangró el macho cabrío no ha vuelto a crecer la hierba hasta ahora", dijo la mujer de Windisch.
Windisch se apoyó en el armario. "Nunca fue un héroe", suspiró, "sino un simple carnicero. En la guerra no luchamos contra lechuzas ni sapos".
Amalie se empezó a peinar ante el espejo.
"Nunca estuvo en las SS", dijo la mujer de Windisch, "solamente en la Wehrmacht. Después de la guerra volvió a cazar y a disecar lechuzas, cigüeñas y mirlos. También sacrificó todas las ovejas y liebres enfermas de los alrededores. Y curtió las pieles. Todo su desván es un jardín repleto de animales muertos", dijo la mujer de Windisch.
Amalie cogió el frasquito de esmalte. Windisch sintió el grano de arena que iba de una sien a otra detrás de su frente. Una gota roja cayó del frasquito al mantel.
"Y tú fuiste puta en Rusia", le dijo Amalie a su madre, mirándose la uña."
Herta Müller, El Hombre es un gran faisán en el mundo.
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