
Friedrich decidió acompañarme. Llegamos a la galería y después de beber un vino blanco que ofrecía el galerista, mi amigo se murió de repente en medio de la sala. Poco a poco la incomodidad general fue en aumento, nadie se atrevía a ayudar al muerto, Friedrich estaba en una postura bastante fea e incómoda, y desprendía un olor a mierda insoportable, alguien dijo: "esto es indignante".
Quizás Friedrich quería convertir esa inauguración en un evento indigno, o simplemente convertir su cuerpo, una vez más, en algo indigno. Nunca más le volví a ver.
(a l'Antic teatre de Barcelona. L'únic espai autènticament berlinès de Barcelona)
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